del idealismo también se come (1)
A propósito del post del otro día, sobre trapicheos, principios y desesperanza, me apetece colgar aquí una entrevista de un idealista a otro, del británico Barnbrook al norteamericano Milton Glaser, que no he encontrado traducida por ahí. Se hicieron la entrevista por teléfono en agosto 2003. La dividiré en dos partes, porque es muy larga. Los derechos, por supuesto, son de la publicación original, que se puede consultar aqui.
Sobre los perfiles de ellos, una cortísima biografía se puede consultar aquí para Barnbrook, aqui para Glaser.
La entrevista me parece interesante porque hablan de esa situación en que chocan los valores personales con el trabajo que uno hace, hablan de cambiar la sociedad, de idealismo, idealismo, idealismo, dotes de observación y sentido común. Y eso sin ser excesivamente optimistas… Y es una buena demostración de que pueden ser grandes diseñadores e idealistas al mismo tiempo…
Vamos allá.
“Milton Glaser: He estado pensando sobre estos tipo de temas durante mucho tiempo y creo que el problema viene de la división esencial sobre cómo se identifican a sí mism@s l@s diseñador@s. Yo me veo a menudo a mí mismo como un artista, y estoy interesado en el rol tradicional del artista en la sociedad, que es iluminar la cultura y ayudar a la gente a crear comunidad. Pero el otro rol —que es uno muy poderoso— es dirigido por los negocios, donde eres esencialmente un vendedor para una institución o un cliente y tu rol es efectivamente vender lo que ellos producen. La gente que entra en este terreno a menudo entran con sus intenciones divididas o toman la decisión antes, de manera más obvia en publicidad, dónde tienes que reconocer la realidad de esa relación: si te preocupan temas como el bien común y belleza, no estás en el negocio apropiado. En el mundo de la publicidad, la gente básicamente tiene que jugar a lo que se juega: pueden usar sus creencias personales para contrastarlos con los objetivos del cliente si quieren, pero es una situación que no permite ir más allá. No puedes levantarte de repente y decir “Bueno, aunque esto es publicidad eficaz, no está diciendo la verdad, va a dañar a la gente…”. No es lo mismo. La presión para estar en “el lado de los negocios” añade apoyos a la estructura de poder actual, y es muy duro para cualquier persona en publicidad el resistirse a esa estructura.
A mí me parece que fuera de la publicidad hay un poco más de oportunidad para mantener una posición individual. Primero que, como diseñador/a freelance, al menos tienes alguna opción de elegir a tus clientes, algo que no tienes en el terreno de la publicidad. Puedes decir “este es el tipo de cliente que quiero”, “este tipo de cliente no me hace sentirme bien”, y cosas parecidas… O sea que hay una cierta optimización, aunque es mucho más teórica que real cuando no tienes dinero en la cuenta del banco. La profesión está realmente dividida sobre este tema, y mi sensación es que si tienes la opción de trabajar para ti mismo/a y si puedes tener control sobre lo que haces, aunque sea sólo un control nominal, el tema de lo ético entra en juego. Tu rol como transmisor/a de lideas a la cultura y tu responsabilidad con esa cultura se dibuja de una manera más concreta.
Jonathan Barnbrook: ¿Puedo preguntarte una pregunta ingenua que es algo que siempre me he preguntado desde que he estado en el diseño?. Si la gente suficiente en el diseño gráfico cambiase la manera en que diseña, ¿piensas que sería posible cambiar la sociedad? ¿o es necesario un cambio en la estructura completa de la civilización humana?. ¿Es posible el cambiar la sociedad a través de de tu trabajo simplemente mostrando los mensajes en los que crees?. Me preocupa no es necesariamente la mejor manera de cambiar la sociedad.
MG: Esa es una pregunta muy importante. L@s diseñador@s son parte de un sistema por el que las ideas entran en la mente de la gente. Somos parte del sistema de transmisión, no somos normalmente los creadores del mensaje. Es como los cables del teléfono.
JB: Aha…
MG: Cuando era pequeño, y eso fue hace mucho, la idea era que el ser profesional excluía la idea de tu propia ética o tu propia conducta como parte del proceso. Eso es decir que te pidiesen lo que te pidiesen, lo hacías y lo hacías bien, y siendo eficaz, porque eso era lo que significaba ser profesional. Pero me parece que, según fui creciendo, que ese punto de vista no es suficiente. Desde Nuremberg, la explicación: “Bueno, yo sólo estaba cumpliendo órdenes…” no vale. Ya no puedes vivir de esa manera. No puedes justicarte en que obedecías órdenes como manera de comportarte en el mundo. Ese es un ejemplo exagerado por supuesto, pero lo que haces como persona en el sentido de si ayudas o dañas a la comunidad a la que hablas tiene importancia. Si no prestas atención a lo que estás haciendo y participas voluntariamente en cosas que tú mism@ percibes como destructivas, te estás poniendo a ti mism@ en la categoría de tener una ética “suspendida” en nombre de lo apropiado profesionalmente. Y me parece duro hacer eso hoy en día. ¿Recuerdas aquella especie de “camino al infierno” que hice? (un cuestionario que hizo Glaser para determinar cuánto estaba dispuesto a mentir, incluido completo al final). [Publicado en el blog otro día]
JB: Sí.
MG: La última vez que enseñé eso a una clase de gente joven, un tercio de la clase dijo que trabajaría en un producto que podría matar gente. Eso me aterrorizó. Cuando hablas con gente mayor, entiendes que piensan de la manera que piensan, que tienen su trabajo, una hipoteca que pagar, pero cuando estás hablando con gente joven, esperas una especie de altruismo vigoroso, o al menos, una cierta sensación de que sea posible. Por supuesto puedes decir que dos tercios de ell@s no estaban dispuest@s a hacerlo, pero el hecho de que un tercio esté dispuesto a hacerlo indica una especie de opacidad moral que creo que da miedo.
JB: Me pregunto si tiene que ver con la idea de una sociedad estructurada. Hubo una utopía modernista de mejorar la sociedad a través del diseño, pero la gente es mucho más cínica sobre el tema hoy día. Creen que el factor importante es el estilo, creen que el estilo produce los beneficios más que el diseño es una herramienta útil para el cambio social. Me pregunto si la gente quizás ve el diseño de una manera algo distinta actualmente.
MG: Yo creo que deberían hacerlo. Pero también creo que ven la vida de una manera distinta. Es probablemente reflejo de una cultura más grande pero me da la impresión de que la gente ha perdido el sentido de la vida real. Están sólo interesados en el entretenimiento y parece que han perdido la conexión entre las acciones y sus consecuencias, causa y efecto. Por ejemplo [antes de la Guerra del Golfo] cuando el presidente Bush cogió un helicóptero y aterrizó en un portaviones y se paseó por la cubierta. Movió el portaviones (con un coste de un millón de dólares) para que no se viese San Diego al fondo.
JB: ¿De verdad? No conocía esa historia.
MG: Pero cuando se supo que había hecho eso, no pasó nada. El que lo hubiese hecho y que causara que la presentación fuese más entretenida fueron suficientes para la audiencia. No hubo un rechazo de Bush, no hubo un shock por haberse gastado un millón de dólares en una gilipollez teatral. Así que dices ¿Qué le pasa a esta gente? ¿Están locos?, pero luego descubres que lo están. Descubres que la gente está inerte, que han perdido el sentido el sentido de que existe una realidad. Mientras estén viendo algo entretenido en la televisión, el resto no importa.
JB: ¿Piensas que es culpa de los políticos o que es algo inducido para que la gente no se preocupe?
MG: Si yo fuese marxista, que no lo soy, al menos no totalmente, diría que es un instrumento de una clase dirigente, algo como la religión en el pasado, para mantener a la gente en un estado de amnesia permanente en el que la gente no sabe hacia dónde está yendo. Ni que la gente piense que su vida tiene algún efecto. Es un efecto de falta de poder y de deseo de ser inconsciente. Y pienso que ha sido institucionalizado más que ninguna otra cosa por el tremendo poder de la televisión.
JB: Por lo tanto ¿cual es tu criterio moral a la hora de aceptar un trabajo? Lo mío es completamente instintivo y no necesariamente basado en la lógica: se basa en sensaciones, básicamente si un producto está bien o no.
MG: Es una buena pregunta. La otra cosa con la que debes ser cuidados@ es con la pretensión de superioridad moral y ir diciendo “sé la respuesta para todo y soy una persona moral y el resto de vosotr@s sois una mierda”. Es muy fácil caer en esa trampa y soy muy consciente de eso. Una de las cosas que me preocupaban con el Manifiesto “First things first” [enlazado en el blog] es que pretendía ser tan moralmente superior y que no dejaba salida a la gente. Es decir, que no reconocía que eres parte de un sistema más grande, y que el capitalismo es la base de ese sistema, y que a no ser que seas un/a revolucionari@ e intentes derrotar el sistema, debes pensártelo. Debes aceptar que tiene que haber una posición que puedes tomar dentro de esa estructura —que es el intercambio de bienes y vender cosas— que aporta una visión más inteligente y no te hace partícipe de algo que sientes profundamente como algo no bueno para los demás, no digamos ya para ti mism@. El tema importante es encontrar un camino. Yo intento con todas mis fuerzas el no hacer cosas que me hacen sentir dañino. Parte es consciente pero parte es intuitivo.
JB: Es difícil. Quiero decir, no tomo Starbucks o CocaCola ni compro en Gap, pero te preguntas dónde debes marcar la línea.
MG: No existe una posición absoluta. Todos los temas éticos son problemáticos, porque si no no serían problemas éticos. Todos tienen un terreno de ambigüedad alrededor, un espacio en el que no puedes tomar una decisión objetiva clara y en el que tienes que seguir lo que te hace sentir mejor o lo que empatiza con tu propio sentido de quién eres.”
Traducción: miguel vagalume
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